Si no quieres que se vea, no lo hagas

03Oct12

Hace un mes fue el video erótico de la concejal Olvido Hormigos, y ahora estos simpáticos agentes de Cerdanyola conduciendo temerariamente e imitando a las rusas Serebro mientras están de servicio. Funcionarios públicos que de pronto se ven afectados -no sin culpa, claro, como ahora diremos- como consecuencia de lo que hacen “en privado”. Las comillas son muy necesarias porque, a pesar de ser comportamientos privados, terminan siendo vistos por millones de personas gracias a YouTube.

El tema es más complejo de lo que parece. Siempre ha existido una línea divisoria entre lo público y lo privado, y no importaba (aparentemente) lo que una persona hiciera de puertas adentro. Una comodidad que la sociedad nunca se planteó sacrificar. Sin embargo, las llamadas nuevas tecnologías y todas las facilidades y posibilidades que han creado amenazan de algún modo esa privacidad.

¿Y es realmente así? También estamos en la era de la transparencia. Nos indigna enterarnos de barbaridades que habían quedado ocultas, y exigimos que sean conocidas las cosas que afectan a terceros. La ley también está abordando -un poco con retraso, pero con pasos firmes- el tema de la privacidad en las redes sociales: el llamado “derecho al olvido” (poder solicitar que borren lo registrado en Internet, nada que ver con el nombre de la concejal) está siendo aplicado en cada vez más países, aunque, como bien saben los que combaten la piratería, en Internet hay una gran distancia entre lo que dicta la ley y los efectos que eso tiene.

Por eso, pienso que la clave del asunto no está en las barreras que la legislación o la tecnología puedan crear, sino en el modo en que realmente estamos actuando, ya sea de cara a la galería o “en privado”. Como dice el Prof. Francisco Pérez Latre, la web es una “plaza pública”, donde nos retratamos constantemente; y es un claro termómetro el hecho de que la sociedad (con más o menos hipocresía, eso es otra cosa) aún se indigne ante hechos como el de la concejal o los agentes bailarines, y es también claro que eso exige alguna consecuencia pública como el expediente levantado a los agentes o la discutida dimisión de la concejal.

Si algo queda claro es que con el acceso de todos a esa gran plaza pública, estamos mucho más expuestos. Aquello del Evangelio de “lo que hayáis hablado al oído será pregonado sobre los terrados” parece más actual que nunca. Y llega el momento en que casi todo estará a la vista, por lo que podemos optar por ser truculentamente sigilosos o por intentar no hacer lo que no queremos público. Ya saben, esas cosas que se defendían antes como la responsabilidad personal, o la que era la virtud por excelencia para los clásicos, la prudencia. Aunque no se me malentienda: la privacidad es clave para el feliz desarrollo de cualquier persona. La cosa es que la privacidad no está en extinción, solo hay que saber cómo cuidarla. Las redes sociales e Internet en general, a día de hoy, no son el sitio más seguro. La familia, los buenos amigos y el confesionario aún mantienen su buena reputación.

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