Internet y nuestros cerebros: una justificación

13Oct11

Sí. Un alto porcentaje de los posts de este blog son disculpas y/o justificaciones por escribir tan poco. Pero bueno, tendrán que reconecerme que al menos intento decir algo interesante de paso. A ver si esta vez lo consigo.

Si en los últimos tres meses solo he publicado tres tristes posts (lo de tristes es un decir, son tremendos, ¿a que sí?) no es que haya tenido una especie de revelación para apartarme del mundo online y volverme un ermitaño desconectado (como tantos usuarios de Blackberry se han visto forzados a ser en estos días). No ha sido así, pero ya podría: he estado online, y más online que nunca. ¿Y dónde? Pues nada más y nada menos que en Twitter. Un universo fascinante, con preciosas e interesantísimas mini-dosis de información, suculentos links, chistes acertados, noticias sorprendentes e inmediatas y un montón de gente por la que puedes saber cosas sin tener que embarrarte de su intimidad como te pasa en Facebook, por ejemplo.

La cosa ha calado. Un verano y un inicio de curso con un saldo de 617 tweets y 102 followers. Quién lo diría. Hay quien reconoce las ventajas de Twitter: efectivamente, además del panegírico que he hecho en el párrafo anterior, reconozco haber incrementado mi siempre necesaria capacidad de síntesis y me siento más actualizado que nunca. Sin embargo, otro proceso se ha ido desarrollando en mí: cada vez me cuesta más la capacidad de concentrarme y de desarrollar un texto de corrido, sin distracciones. ¿Por qué si no habría dejado de escribir en el blog cuando he sacado tiempo para 617 tweets? Cada vez que pienso en desarrollar un tema, una idea, en el blog, me invade la humanérrima pereza y prefiero “retuitear” algo interesante o divertido, o “tuitear” alguna frasecilla presuntamente inteligente. “No es nada”, pensaba yo, “un hábito malo más a erradicar que tengo que sumar a la lista”, pero grande fue mi sorpresa cuando me vi así retratado:

Lo que la Red fomenta son rápidos cambios de atención, rápidos vistazos entre la abundancia de información y mensajes disponibles; y a la vez disuade del pensamiento concentrado y contemplativo. Estamos tan ocupados buscando e intercambiando informaciones, que tenemos muy pocas oportunidades de estar a solas con nuestros pensamientos, de pensar en profundidad en ideas individuales, en hilos de ideas, en historias o en experiencias.

Quien esto dice es Nicholas Carr, un prestigioso columnista y escritor estadounidense a quien le pasó lo mismo que a mí (pero a mucha mayor escala, quiero pensar) y se encerró en una cabaña (muy gringo todo) para reflexionar sobre el asunto y escribir The Shallows. What the Internet is Doing to Our Brains, traducido en español como Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Efectivamente, estamos perdiendo capacidad de concentración, pero quiero pensar que el futuro no es tan negativo como lo pinta Carr en la entrevista para la excelente revista Nuestro Tiempo que desencadenó este post. Creo que es cuestión de educar hábitos -como casi todo en esta vida- y saber desconectar lo suficiente para conectar mejor: esforzarse por leer (también fuera de una pantalla), por no cambiar de ventana constantemente, por ver menos Facebook o Twitter solo por el gusto de saber que aún tenemos el señorío sobre ellos y no al revés. No es idea mía, es interesantísimo el concepto de slow communication que John Freeman ha lanzado y que da en el blanco con este asunto. Por mi parte lo estoy intentando y difundiendo, y a ver si en el blog se nota, que el propósito de enmienda es siempre un buen modo de terminar (y de empezar).

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3 Responses to “Internet y nuestros cerebros: una justificación”

  1. Además de ser una gran verdad lo que dices, la ilustración es perfecta.
    Y sí, por muy tremendas que sean tus entradas, deberías escribir más en el blog.

  2. Creo que el concepto de slow communication es clave para entender la cuestión. Podemos utilizar las redes sociales, pero hay que hacerlo con responsabilidad, también siendo conscientes de que si no nos controlamos podemos pasar el día entero en Twitter y Facebook.

    Sobre lo de que Internet modifica nuestros cerebros creo que en parte es verdad y me parece interesante la crítica de Carr, ya que si le dedicamos demasiado tiempo al mundo online perdemos capacidad de reflexión. De todas maneras, mi experiencia personal es que estoy leyendo más ahora que tengo Twitter, por una parte en Internet y, por otra, libros de literatura. Todo depende de la fuerza de voluntad para desconectar y no dejarse llevar por el síndrome de la actualización permanente.


  1. 1 El riesgo de apagar la sabiduría | El guiñol

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