Hermenéutica gernikarra

09Sep11

Guernica (1937), Pablo Picasso

Mañana se cumplen 30 años de la vuelta del Guernica de Picasso a España (Franco lo había mandado a un tour un poco largo por Nueva York). Sobre el origen y la inspiración de este cuadro emblemático del pintor malagueño y de España -y empuñado especialmente por el bando vencido en la Guerra Civil Española– se han dicho muchas cosas. La historia oficial es que Picasso lo pintó porque se lo pidió el gobierno republicano en plena guerra (1937). Es un hecho que se lo pidieron y entregó ese cuadro, pero hay teorías que dicen que ya lo tenía de antes y lo adaptó a lo que se le pedía; esto es, que no nace del “horror” por el bombardeo del bando fascista en la ciudad vasca de Guernica. Yo escuché esto por primera vez este verano y lo he visto más desarrollado en una entrada de un blog, ahí queda por si interesa.

Me quería parar un poco en la inspiración formal, digamos, del cuadro. A mí me enseñaron en clase de Arte que estaba basado en otro cuadro: Los horrores de la guerra, pintado por Rubens en 1637. Si uno lo ve -y lo analiza- son básicamente las misma figuras, reinterpretadas, y claramente con la compisición invertida. Juzgue usted mismo:

Los horrores de la guerra (1637), Rubens

El diario El País ha publicado un interesante artículo en el que el director de fotografía español José Luis Alcaine expone su teoría de que el cuadro en realidad está inspirado por una secuencia “expresionista” dentro de una película de Hollywood de 1932: A Farewell to Arms, basada, por cierto, en una novela de Hemingway. Se trata de una secuencia de éxodo a través de una carretera, que aparentemente tiene muchas semejanzas con la obra de Picasso. En ambas es de noche (el bombardeo a Guernica fue durante el día), el movimiento es de derecha a izquierda… Independientemente de los evidentes huecos de la teoría de Alcaine, me gusta el hecho de que haya sabido interpretar el cuadro con sus ojos de cineasta, pues -como él dice- el Guernica es “un collage que tiene mucho de montaje cinematográfico, de planos y primeros planos”.

Todo esto es una prueba más de la riqueza que tiene toda obra artística, de cómo puede ser reinterpretada una y otra vez y con diferentes ópticas, y de cómo cobra “vida propia”: aunque Picasso lo hubiera hecho cinco años antes y basándose en un cómic de baja calidad o lo que se quiera, eso no le quitaría la fuerza y la influencia que esta obra ha tenido y tiene en la historia y en las ideologías. Así es el arte, y así es la historia.

[Atención: este es un intento de darle un “nuevo aire” a El guiñol con entradas más cortas (no como ésta, ya lo sé) y, si Dios quiere, más frecuentes. Al fin y al cabo nadie lo lee, pero bueno]

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