El poder de la vida contada

05Feb11

La ficción tiene el poder de transmitirnos -quizá de la mejor manera- emociones e ideas, y es uno de los modos que tenemos de acceder a la realidad. Todos sabemos que Don Quijote, por ejemplo, nunca existió como tal: es decir, un loco llamado Alonso Quijano no recorrió La Mancha disfrazado de caballero andante; pero eso no implica que no sea un libro que transmite muchas verdades. Hoy quiero hablar de historias reales que, contadas a través de recursos de ficción (en este caso películas), transmiten toda su fuerza al espectador. Una probadita:

Des hommes et des dieux (Xavier Beauvois, 2010) está basada en hechos reales. En el monasterio cisterciense del Monte Atlas (Argelia) a mediados de 1996, siete monjes fueron secuestrados y finalmente decapitados por la facción radical del GIA (Grupo Islámico Armado). Ficción, como se ve en este caso, no es contar lo que no pasó (mucho menos contar mentiras); es usar una serie de recursos para transmitir una historia, en este caso real, aunque el director-guionista tenga que suponer muchas cosas que, evidentemente, no conocía al detalle. ¿La fuerza? En vez de decir “la libertad religiosa es importante para que el hombre llegue a la verdad y, por tanto, el mensaje cristiano busca esa libertad, en contraste con el fundamentalismo islámico”, se muestra con vida vivida, lo cual tiene mucho más fuerza. De esta película prometo hablar más cuando la vea. Ahora, un segundo caso bastante más arriesgado:

Claramente, el asunto está más en el límite en There be dragons (Roland Joffé, 2011), porque se mezcla una historia real con otra de ficción: es la historia de dos amigos que toman distintos caminos en torno a la Guerra Civil española; uno de ellos, Manolo Torres, es un personaje de ficción, el otro, Josemaría Escrivá, es un personaje histórico. Pero, de nuevo, esto no hace que la película sea una falsedad, al contrario, aprovecha los recursos de la ficción para mostrar lo que al director-guionista le interesa: un mensaje de perdón. Y en vez de decir “es mejor perdonar y vivir para otros que para uno mismo”, decide mostrarlo a través de la vida (real, como la de los monjes de Argelia) de un santo, Josemaría, contraponiéndola a la del otro personaje. También de esta película espero hablar en un futuro. Un adelanto: creo que es un acierto que la primera vez que este santo llega a la gran pantalla sea así: con un mensaje de vida vivida válido para todo el mundo.

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