Cada quien en su lugar

20Oct09

Carlos Arniches (1866-1943) es uno de los principales autores del teatro español del siglo XX. Se dedicaba a la comedia, en el sentido en que entendemos hoy esta palabra, quiero decir, al teatro cómico, de humor. Como se ve en sus obras (y en este textito que publico aquí), Arniches era un hombre con bastante sentido del humor… además de bastante sabiduría. Con este fragmento termina su “Autorretrato”. Y digo yo, ¿no será que lo pasamos mal de más por no ajustarnos a lo que nos toca? Y no digo ser conformistas, Arniches no lo era (no hubiera triunfado como lo hizo), sólo hablo, como Arniches, de ocupar nuestro lugar. Me parece un texto muy bueno, a ver qué tal.

(…) Y otra cualidad magnífica que me adorna -y ésta sí que es de excepción y que se la recomiendo a ustedes- es que en toda mi vida no me he movido de mi localidad.

Ustedes se preguntarán un tanto asombrados: “¿Y qué es esto de no haberse movido de su localidad?” ¡Ah, pues una cosa interesantísima, que les voy a explicar, y que es lo que nos trae revueltos a casi todos! Verán ustedes: Yo creo que el mundo es un teatro, y que cada uno tenemos designado, por nuestro mérito, un sitio en él para asistir a este espectáculo de la vida. Pero el mal gravísimo es que en este teatro casi nadie está en su localidad. Todos nos creemos preteridos con la que nos repartieron, y, desde luego, mal acomodados. ¿Por qué voy a estar yo en la fila vigésima y Fulanito en la primera? -se preguntan muchos-. Y se busca un acomodador amigo y se le dice:

-Oye, yo me voy a sentar en las primeras filas; tengo más derecho que los que están.

-Bueno, pues siéntese aquí, en la segunda, en el dieciocho, que está vacía. Si viene el ocupante, yo le avisaré.

Y como casi todo el público se halla colocado en iguales condiciones de interinidad que nuestro amigo, en cuanto se oye el taconeo de un nuevo espectador que entra todo el mundo se siente desasosegado e inquieto, pensando: “Ese viene a echarme”, creyendo, claro, que le van a someter al bochorno de levantarlo, enviándole a la última fila, que es donde tiene usitio. Y de aquí viene el hablar mal de los que están delante, el renegar de los que llegan, la hostilidad hacia el que pide ser justamente acomodado…, etc.

Pues bien; a mí ese malestar no me ha torturado nunca. A mí me dieron una localidad, fila catorce número veintidós, y fui y me senté en ella, y en ella estoy; y no ha habido, en los años que tengo usufructuados, quien me eche de ella; y desde ella he visto el trasiego de tantos desesperados, que, de las primeras, han tenido que irse a las últimas filas, y no los han echado del local porque no estaba reservado el derecho de admisión.

Mi localidad es modesta, sí, ¡pero qué tranquilidad, qué apaciblemente leo el periódico en los entreactos, contemplando el ir y venir de los ambiciosos, de los envidiosos, de los audaces, que no acaban de encontrar su puesto; y no lo encuentran porque la vanidad tiene mala acomodación!

Tan tranquilo estoy en mi modesta butaquita que yo me permitiría decir a todos: “¡Señores, cada cual a su sitio!” Es lo justo y lo razonable; porque piensen ustedes que, al fin, cuando el espectáculo de la vida termine, hemos de ir a otro, donde no hay manera de sobornar al acomodador, porque el acomodador es el Tiempo, que no tiene amigos, y que ha de colocar a cada uno, sin apelación, en el sitio que merezca, el que lo merezca: o en el recuerdo o en el olvido.

Anuncios


No Responses Yet to “Cada quien en su lugar”

  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: